Se me ocurrió una frase que me persiguió por un año más o menos; “Mujeres al Volante”, ¿qué podía ser esto?, ¿era un llamado?, ¿era mi imaginación exigiéndome materializar dicha idea?, pero qué tipo de idea podía ser, ¿era el nombre de una novela?, ¿un poema aún no escrito? Pues hoy lo he descubierto, era todo esto y quizá mucho más.
Platón decía que el alma de un hombre era como un carruaje compuesto de dos caballos, los que vendrían a ser las pasiones, los sentimientos, es decir, la parte concupiscible y la pasional, y un auriga, que era la razón o nuestro lado racional, y era éste el que debía guiar todo lo demás. Ahora, ¿esto era una exigencia? O Platón estaba describiendo lo real. Bueno, qué pasa cuando no es nuestra razón, propiamente hablando, la que guía nuestras acciones, pues quién la guía, al menos en mi caso, siempre es una mujer. Y como de Platón hasta hoy, mucha agua ha pasado bajo el puente y en tiempos modernos diría que no es un carruaje sino un auto.
Y esta mujer a veces desea guiar racionalmente cada acto, pero otras se deja arrastrar irremediablemente por las pasiones, que en algunos casos me ha llevado de la euforia a la histeria. Y mi alma ha caído 500 veces y he roto mis alas 500 veces también, pero Platón, las volví a enmendar y las volví a romper. Y así seguí…
Platón decía que el alma de un hombre era como un carruaje compuesto de dos caballos, los que vendrían a ser las pasiones, los sentimientos, es decir, la parte concupiscible y la pasional, y un auriga, que era la razón o nuestro lado racional, y era éste el que debía guiar todo lo demás. Ahora, ¿esto era una exigencia? O Platón estaba describiendo lo real. Bueno, qué pasa cuando no es nuestra razón, propiamente hablando, la que guía nuestras acciones, pues quién la guía, al menos en mi caso, siempre es una mujer. Y como de Platón hasta hoy, mucha agua ha pasado bajo el puente y en tiempos modernos diría que no es un carruaje sino un auto.
Y esta mujer a veces desea guiar racionalmente cada acto, pero otras se deja arrastrar irremediablemente por las pasiones, que en algunos casos me ha llevado de la euforia a la histeria. Y mi alma ha caído 500 veces y he roto mis alas 500 veces también, pero Platón, las volví a enmendar y las volví a romper. Y así seguí…






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